de soles de febrero ensucia todo
pero lo tiñe y salpica de modo
que la mancha de luz en mí clavada
me limpia y me renueva y me traslada
a otro sur, a otro reloj, a otro nodo
inscrito en tus pupilas con el lodo
dorado e inexplicable de la nada
Biblias y gatos y constelaciones
pendientes de un desliz de tu mirada
y al no tener el toque de tus ojos
se pudren y se rompen en ciclones
de papeles y zarpas y cerrojos
que giran en lentísima balada
Tú ajena a todas estas pequeñeces
me miras y sonríes y amaneces

